En una jornada marcada por el recogimiento y la solemnidad, los restos mortales del Papa Francisco fueron trasladados este miércoles desde la residencia de Santa Marta hasta la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. El acto congregó a miles de fieles que se acercaron para rendir homenaje al pontífice argentino, cuya figura ha dejado una profunda huella en la historia reciente de la Iglesia Católica.

La procesión fúnebre comenzó a las 9:00 de la mañana, encabezada por el cardenal camarlengo Kevin Joseph Farrell y escoltada por miembros del Colegio Cardenalicio, secretarios pontificios y catorce funcionarios vaticanos que portaban el féretro. En formación impecable, ocho alabarderos de la Guardia Suiza rindieron honores durante todo el recorrido, que culminó con la entrada del ataúd por la puerta central de la basílica.
El féretro fue colocado frente al Altar de la Confesión, cerca de la tumba de San Pedro, siguiendo los deseos expresos del Papa Francisco de mantener un rito austero. Se prevé que el cuerpo permanezca expuesto hasta el viernes para permitir la veneración de los fieles, antes del funeral previsto para el sábado.
El Vaticano confirmó que el protocolo seguido responde al alto honor reservado a los sumos pontífices, y refleja el profundo respeto por el legado pastoral y espiritual de Francisco, quien promovió una Iglesia más cercana a los pobres, comprometida con la justicia social y abierta al diálogo.

Más de 20.000 personas se congregaron en la Plaza de San Pedro, formando largas filas en un clima de oración y respeto. Mientras tanto, el mundo católico permanece en vigilia, agradecido por la vida y el ejemplo de un pontífice que será recordado por su humildad, su cercanía con el pueblo y su incansable labor por la paz y la fraternidad entre los pueblos.



